LA CELESTINA: Los amantes Calisto y Melibea

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No podía dejar de dedicar una entrada en el blog acerca de una de las obras que ha marcado un antes y un después en la literatura, hablo sin duda de La Celestina. Y de esta obra me he querido centrar en un aspecto concreto, dos de los personajes principales de la obra como son los amantes Calisto y Melibea.

Tal y como afirma Alan Deyermond[1], entre el crepúsculo de la Edad Media y el alba del Renacimiento, nos encontramos con una obra que requiere un tratamiento independiente por su grandeza, singularidad y la magnitud de su erudición. Me refiero por tanto, a una obra que desde hace siglos se viene conociendo como La Celestina, de Fernando de Rojas, aunque la cuestión sobre la autoría es un tema de debate.Siguiendo la línea de Alan Deyermond, podemos afirmar, que la característica literaria más evidente de La Celestina es su forma dialogada. Nos encontramos de este modo ante una obra de teatro medieval del siglo XV, la primera edición de dicha obra data de 1499.

Si hay algo por lo que se caracteriza La Celestina es por el trazado que hace de los caracteres y la atención que presta a la variedad de criaturas individuales que aparecen en la obra. Como afirma María Rosa Lida de Malkiel[2], todos los personajes reúnen tachas y virtudes, en íntima cohesión y exhibidas con idéntica imparcialidad. Así por ejemplo, centrándonos en el caso concreto de Melibea vemos como esta se vale de la energía y doblez tanto para satisfacer y encubrir su amor clandestino como realizar y encubrir su plan de muerte.

Así pues, siguiendo los estudios de Carlos Mota[3] sobre la construcción de los personajes de la obra, nos encontramos en La Celestina con el caballero enamorado y su dama. Ambos poseen ciertas similitudes con el roman courtois, la comedia latina antigua, elegíaca y humanística y la ficción sentimental. Hay que destacar que la calidad de la creación de personajes en La Celestina carece de paralelos en la literatura de su tiempo y en la de después. Así, como afirma Carlos Mota[4], nos encontramos con asombrosas innovaciones o desautomatizaciones con respecto a los personajes tipos que les anteceden y las imitaciones posteriores. Los personajes de La Celestina están claramente definidos por su posición social: nos encontramos con los señores y criados y con un submundo de prostitutas presidido por Celestina. En la obra por tanto, queda bien delimitada la clase social de los señores y criados. Como afirma Carlos Mota, nos encontramos con Calisto, que es un mal señor, tiene su casa desgobernada, maltrata a sus criados, a pesar de que ellos le dan consejos y le advierten de los peligros de Celestina. Ante este comportamiento de Calisto, los criados Sempronio y Pármeno le van a despreciar.

Carlos Mota[5] nos muestra que en el otro caso, en el de Melibea, el conflicto entre señores y criados no es tan vistoso. Podemos ver como Lucrecia, criada de Melibea, ejerce el mismo con Alisa, madre de Melibea, que Pármeno con Calisto. Alisa no parece recordar quién es Celestina y cuáles son sus artes, por ello Lucrecia se lo recordará. Por tanto, Alisa aparece representada como símbolo de imprudencia y negligencia. Menos conflictiva es en apariencia la relación entre Melibea y Lucrecia. Sin embargo, en algunas ocasiones aparece como una murmuradora contra su señora.

Todos los personajes de cada campo están de una forma o de otra en oposición con quiénes están con ellos, incluso cuando parece lo contrario. Así Carlos Mota en su estudio analiza como la única relación efectiva entre las familias de Calisto y Melibea es el gran deseo que él siente por ella, y que finalmente será correspondido. Este deseo de los amantes en muchas ocasiones es representado con términos de caza, asedio o fagocitación: «Saltos de gozo infinitos / da el lobo viendo ganado, / con las tetas los cabritos, / Melibea con su amado»[6]. Hasta el acto XX, no sabemos que Pleberio, padre de Melibea, conoce a Calisto y su linaje. Por tanto, en el medio familiar de Melibea no se ignoraba el de Calisto. Lo que no pasa desapercibido es la pertenencia de los dos amantes al estamento rector de la ciudad.

Por otro lado, en el único momento en el que los padres de Melibea dialogan con ella, se muestra un ambiente de discrepancia. Ambos padres y su hija muestran tener visiones contrapuestas. Al principio, Melibea se muestra hipócrita y disimuladora, pero conforma vaya avanzando la obra se podrá apreciar como una mujer falta de piedad. Por ejemplo, en el momento en el que Melibea obsequia a sus padre con el doloroso espectáculo de suicidarse ante él. Carlos Mota[7] ha estudiado como en el personaje de Melibea nos encontramos con una ética del suicidio. Según esto, esta ética del suicidio recuerda a la del estoicismo romano, pero todo indica que hay más de ciega contrariedad y desesperación, y de debilidad a la que no se opone resistencia. Así pues, justo en el momento anterior al suicidio vemos como Melibea dice: «Tú, Señor, que de mi habla eres testigo, ves mi poco poder, ves cuán cativa tengo mi libertad, cuán presos mis sentidos de tan poderoso amor del muerto caballero, que priva al que tengo con los vivos padres»[8]. Se trata por tanto de una confesión indigna, desde el punto de vista estoico, o escalofriante, desde el punto de vista cristiano, ya que estas palabras son pronunciadas momentos antes de despedazar su cuerpo y seguramente condenar su alma.

Siguiendo el estudio de Carlos Mota, vemos como el argumento general de la obra plantea la existencia de una desigualdad entre los amantes. Calisto desde la primera escena va a hablar de su amada Melibea como si le separase una gran distancia, no referida de modo directo a su linaje o estatus, sino como un ser que mediaría entre un mortal y Dios. Numerosas son las alusiones de Calisto en las que muestra la superioridad de Melibea: «¿Quién vido en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre como agora el mío?… los gloriosos santos que se deleitan en la visión divina no gozan más que yo agora en el acatamiento tuyo»[9]. También son comunes las referencias de Calisto hacia Melibea como su diosa, su religión, algo poco habitual en la época, en la que Dios era el centro del mundo: «Melibea só y a Melibea adoro y en Melibea creo y a Melibea amo»[10].

Otro tema que ha sido muy analizado y estudiado en relación a los dos amantes es el hecho de por qué Calisto y Melibea no se plantean el matrimonio, en lugar de buscar una alcahueta, Celestina, como medianera entre ellos. Según Carlos Mota[11] son diversas las hipótesis: por un lado, tras el descubrimiento de Fernando de Rojas como converso, se estableció la posibilidad de que uno de los dos amantes pudiese ser conversos, posibilidad enteramente hipotética. Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que tal y como afirma Carlos Mota, la concepción que se tenía del matrimonio en este tipo de literatura medieval, no era la de una unión entre Calisto y Melibea en términos religiosos. Calisto no desea una unión religiosa con Melibea, pues así lo muestra en determinados momentos de la obra, por ejemplo, cuando tiene a Melibea en sus brazos. Calisto se deja mover por la lujuria y el loco amor, Melibea lo llamará «ilícito amor», en la primera escena de la obra. El tema del loco amor ya ha sido tratado anteriormente en la literatura española de mano de autores como el Arcipreste de Hita o el de Tostado. Por tanto, según Carlos Mota, esta es la idea central de amor que se presenta en la obra: una lujuria disfrazada de un sublime sentir y una pasión que termina arrastrando a la ruina y a la muerte a los personajes. rojas_celestina_2

En torno al ambiente de los amantes se ha hablado de la presencia de la nueva casta de cristianos nuevos que tiene lugar en esta época. Así pues, se ha situado a Pleberio, padre de Melibea, dentro de esta casta de nuevos cristianos. Esto explicaría el hecho de que Pleberio no se comporte como un fuerte defensor de su honor familiar y se le considere un cristiano inverosímil. Por otro lado, se barajea la posibilidad de que Calito también formase parte de esta mueva casta de cristianos nuevos que genera exclusión. De ahí su aparente soledad. Aunque en realidad Calisto vive y piensa como un noble. Esto se ve en su ociosidad, el tipo de canciones que canta, los deportes que practica…

Tras haber explicado la relación de ambos amantes, a continuación me detendré en la el análisis individual de cada uno de ellos. Como muestra Carlos Mota[12], Calisto aparece ya desde el primer momento como grandilocuente, indiscreto y que finalmente será derrotado. Calisto en la primera escena en que contempla a Melibea se comporta como un enajenado, incluso le llega a decir a su amada que se siente ante una divinidad cuando la contempla. Sin embargo, a partir de la escena siguiente se nos muestra un Calisto impaciente, desordenado, desatento e iracundo con sus criados. Se nos presenta como un enfermo de amor. Podemos ver además, como Calisto es egoísta por naturaleza, incluso con Melibea. Así por ejemplo, Calisto va a rechazar el consejo que le da Pármeno cuando le dice que gaste el dinero en obsequios para Melibea en lugar de dárselo a Celestina. Calisto muestra también su egoísmo cuando tras enterarse de la muerte de sus dos criados, Sempronio y Pármeno, no se muestra preocupado por ellos ni asume sus responsabilidades, sino que se encuentra obsesionado por el deseo sexual hacia su amada. La pasión de Calisto le ha cambiado para mal. Como afirma Cristina Guardiola-Griffiths[13], Calisto se mueve por un deseo sexual que transgrede las normas sociales y morales de la época. La muerte de Calisto se presenta como una ambigüedad. Existen hipótesis que afirman que se puede deber al azar, al castigo por su «ilícito amor»… Se trata de una muerte por accidente, pero que incluye una paradoja. Es antitético que arriesgue su vida saltando un muro para salvar a sus criados cuando anteriormente no se preocupó de la muerte de sus dos criados, Sempronio y Pármeno.celestina 2

Melibea se presenta como un personaje diferente a Calisto. Posee un nivel social superior al de Calisto y un perfil moral menos negativo, aunque también ambiguo. Como explica Laura Mier[14], Melibea es el único personaje de La Celestina dominado por un conocimiento tan profundo de sí misma que le hace tener claro en todo momento qué es lo que quiere y cómo conseguirlo. A lo largo de toda la obra oscila entre el amor hacia Calisto y el miedo a que este amor se haga público. Será el momento del suicidio en el que amor y miedo confluyan de modo inevitable. Lama especialmente la atención como Melibea al igual que Calisto, no necesitan de presentación previa a la aparición en su primera escena, sino que ellos mismos a través del diálogo se presentan. En esta primera escena Calisto se presenta como un apasionado. Esta actitud provocará el rechazo de Melibea («Vete, vete de ahí, torpe»[15]) y cambiará su actitud hacia Calisto. Por tanto, aquí se puede ver como la razón prima más en Melibea que en Calisto. El cambio radical que más tarde experimentará Melibea se deberá al papel de Celestina y su magia. De todos modos, como muestra Carlos Mota[16], el apasionamiento de Melibea presenta unos contornos diferentes del de Calisto: una vez enamorada, no escatimará ni riesgo, ni responsabilidad, ni su cuerpo ni probablemente su alma. Melibea es presentada además con una gran capacidad de entrega y una aparente misericordia.

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Como afirma Otis H. Green[17], ya desde el principio vemos que ambos amantes se encuentran al corriente de las paradojas de amor cortés, el roman courtois, anteriormente mencionado. Los protagonistas quebrantan desde el primer momento el código del amor cortés y las normas de la moral cristiana. Así pues, en la primera declaración de Calisto nos encontramos a un enamorado temerario e inconsiderado. Calisto se salta rasgos tan comunes del amor cortes como es el periodo normalmente largo de espera y la adoración a la dama desde la distancia, la humildad y el silencio. Calisto disparará a bocajarro todos los sentimientos de adoración que profesa hacia Melibea. Melibea le contestará con una explosión de ira femenina, «la furia de Melibea». Esta es una reacción a la que están acostumbrados los amantes cortesanos demasiado impetuosos. Tras el rechazo de Melibea, Calisto sufre un ataque de una enfermedad llamada hereos, propia de los enamorados y de los amantes dotados con un corazón aristocrático y grande. Conforme Calisto va devorando sus penas, van a aparecer más claros aspectos del amor cortés. Aquí aparece la superioridad de la dama en una situación típica del «service d´amour». Melibea es presentada por Calisto como un ser superior sobre toda comparación y proporción. La amada de convierte en el objeto de culto religioso del amor. Así Calisto responderá a la pregunta de Sempronio sobre si es cristiano con: «¿Yo? Melibea só y a Melibea adoro y en Melibea creo y a Melibea amo»[18]. Sin embargo, nos encontramos una ruptura con el amor cortés en el momento en que Calisto decide ponerse en manos de una alcahueta como mediadora. El amor cortés permitía y esperaba la mediación de los amigos o confidentes, pero no de una alcahueta.

Para concluir, finalizo con una idea de Rosa Vidal Doval[19], en la que afirma que la asociación entre amor y erotismo intenso es uno de los rasgos más notables de Celestina. La muerte violenta de los personajes principales se reconoce como consecuencia de la relación entre Calisto y Melibea.

Si alguno no ha leído la obra recomiendo plenamente que lo haga, pero para el que le sea más complicado, le dejo aquí la película de La Celestina, una versión Televisión española:

[1] Deyermond, 1979, p. 485

[2] Lida de Makiel, 1979, p. 501

[3] Mota, 2011, p. 466

[4] Mota, 2011, p. 467

[5] Mota, 2011, p. 470

[6] Rojas, La Celestina, pp. 318-319

[7] Mota, 2011, p. 473

[8] Rojas, La Celestina p. 331

[9] Rojas, La Celestina, p. 27

[10] Rojas, La Celestina, p. 34

[11] Mota, 2011, p. 475

[12] Mota, 2011, p. 478

[13] Guardiola-Griffiths, 2004, p. 33

[14] Mier, 2008, p. 231

[15] Rojas, La Celestina, p. 28

[16] Rojas, La Celestina, p. 482

[17] Green, 1979, p. 504

[18] Rojas, La Celestina, p. 34

[29] Vidal, 2099, p. 233

María Redondo Gutiérrez

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