“La Batalla de Issos” Mosaico de Alejandro Magno

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Antes de comenzar a explicar y analizar lo que supone el mosaico de la batalla de Issos de Alejandro Magno es necesario comprender perfectamente qué es un mosaico, su técnica de elaboración, sus características, además de desarrollar el contexto en el que se sitúa esta bella obra.

¿Qué es un mosaico?

El mosaico es un arte decorativo que utiliza teselas (pequeños fragmentos de cristal, mármol, cerámica o piedra) para crear imágenes o dibujos. Se han hecho una gran cantidad de adaptaciones y variaciones de mosaicos con distintos temas, materiales y colores. Sus aplicaciones se han ido estudiando a lo largo del tiempo. El método que se utiliza para la elaboración siempre sigue el mismo esquema. Llama especialmente la atención, ya que a pesar de ser un arte tan antiguo ha sobrevivido al paso de los años y hoy en día sigue siendo muy popular. La palabra mosaico procede del latín “mosivum opus”, que procede de los lugares consagrados a las Musas (cantoras divinas que presiden el pensamiento en todas sus formas). Estos lugares se denominan “musaea” y en ellos había mosaicos que actuaban como elementos decorativos.

Técnica de elaboración del mosaico 

Como bien he dicho antes, la técnica de la elaboración del mosaico ha sido siempre la misma. Consiste en la aplicación de guijarros o de pequeños cuadraditos o cubos de hechos de una materia dura en una base de mortero. Sirven para decorar grandes superficies arquitectónicas concediéndolas impermeabilidad y robustez, principalmente en los suelos de las “domus” en el caso de los romanos. La decoración de las casas romanas con mosaicos tuvo su antecedente en Grecia.

Los mosaicos en Grecia

Los mosaicos tuvieron una gran influencia y desarrollo especialmente en la época helenística de Grecia. Este mosaico es una copia romana de una pintura griega. En Grecia vamos a encontrar pocos ejemplos de pintura mural, ya que no ha resistido al paso del tiempo. Durante largo tiempo hemos tenido que limitarnos a estudiar la herencia helenística en los frescos romanos, por ejemplo en los encontrados en Pompeya o Herculano. Sin embargo, determinados mosaicos nos dan una gran idea de lo que sería la gran pintura helenística de la época. Así pues, la pintura está muy ligada a los mosaicos, pues estos últimos son en cierta manera representaciones de lo que sería una pintura. Sin embargo, la diferencia está en que en el mosaico lo que da forma a las figuras y fondos son pequeñas teselas y no la pintura aplicada directamente.

El mosaico ha sido utilizado desde la antigüedad como un elemento decorativo de gran valor, tanto por el aspecto deslumbrante que poseía como por su gran coste y laboriosa ejecución.

Los griegos van a utilizar los mosaicos como pavimento, costumbre que van a continuar los romanos, entre quienes tuvo una extraordinaria importancia. Prueba de ello son la gran cantidad de mosaicos que se han encontrado en las ruinas romanas, fundamentalmente aquellos que pertenecían a los alojamientos de las clases más pudientes, ya fuese en viviendas urbanas (domus) o en las campestres (villa).

El Helenismo

De las tres etapas en las que se divide la Grecia Antigua (Arcaica, Clásica y Helenística) me voy a detener a hablar de la Helénica, ya que el Mosaico de Alejandro se trata de una copia de una pintura de esta época y es importante conocer el contexto en el que se dio.

El Helenismo resume un largo periodo de tres siglos, de la muerte de Alejandro (323 a.C.) a la batalla de Accio (31 a.C.), cuando Octavio derrotó a Marco Antonio y Egipto y Oriente fueron definitivamente sometidos al Imperio Romano.

La cultura y el arte griego sufrieron grandes transformaciones al salirse de su órbita tradicional y extenderse el dominio helénico por las conquistas de Alejandro Magno hacia territorios orientales. El arte se hace más universal, recibe muchas más influencias, lo griego admite aportaciones de los pueblos conquistados. Pero lo esencialmente helénico prevalece.

Mosaico helenístico

El periodo helenístico es la etapa que se desarrolla desde la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.) hasta el comienzo del Imperio romano, podríamos decir hasta la batalla naval de Accio (31 a.C.) cuando Octavio derrotó a Marco Antonio y Egipto y Oriente fueron definitivamente sometidos al Imperio Romano.

El conocimiento de la existencia de los mosaicos en Grecia llegó en el 400 a.C. Sin embargo, posteriormente en el periodo helénico, el conocimiento acerca de estos era ya universal. El principal centro dedicado a la elaboración de mosaicos en esta época lo encontramos en la famosa ciudad de Alejandría. Se han encontrado mosaicos en el palacio de Demetrio de Falerno y Ptolomeo IV, de finales del siglo III a.C.

Plinio el Viejo, escritor y enciclopedista romano va a nombrar a Sôsos de Pérgamo, del que ya hemos hablado antes, como un gran artista del periodo helenístico con dos obras

Como he dicho antes, el periodo helenístico es el periodo de desarrollo de la elaboración del mosaico, sobre todo de la mano de Sôsos de Pérgamo, del siglo II a.C. del que va a hablar el escritor y enciclopedista Plinio, el Viejo. Sôsos de Pérgamo mostró una gran preferencia a la hora de utilizar el “trampojo”, que se trataba de una técnica pictórica que intenta engañar a la vista jugando con el entorno arquitectónico, la perspectiva, el sombreado y otros efectos ópticos y de fingimiento. Así, el gusto de Sôsos por esta técnica se va a manifestar en algunos trabajos que se le atribuyen como “El suelo no barrido” del museo Vaticano, que representa los restos de una comida (espinas de pescado, cáscaras vacías, huesos…) o “El barreño de las palomas” del museo del Capitolio, del que hay una reproducción en la Villa Adriana. El mosaico representa cuatro palomas posadas en el borde de un cubo lleno de agua. Las figuras crean efectos de reflejos y sombras en el agua muy bien estudiados por el artista.

Se han encontrado muchos mosaicos helenísticos en Italia, los más antiguos en Pompeya. Precisamente entre los encontrados es especialmente importante el “Mosaico de Alejandro Magno” que decoraba la Casa del Fauno, una da las más antiguas, aristocráticas y lujosas de Pompeya.

Mosaico de Alejandro Magno

El Mosaico de Alejandro es un mosaico monumental, de 5,82 metros de longitud y 2,70 de altura, hecho con más de un millón de pequeñas y diminutas teselas.Batalla de Issos. Relieve procedente de Pompeya

Reproduce con virtuosismo lo que sería una pintura mural de la época helénica, del primer helenismo concretamente. Este mosaico se encontró en el suelo de la exedra de la Casa del Fauno en Pompeya. No fue el único mosaico que se extrajo, sino que se ha conservado un conjunto que muestra la calidad y variedad de los mosaicos helenísticos de la ciudad, en los que podemos encontrar un ciclo iconográfico diverso con temas relacionados con el teatro, la comida, lugares exóticos, siendo el más importante el ejemplo que estoy analizando ahora. Actualmente se conserva en el Museo Nacional de Nápoles.

La elaboración del mosaico se atribuye a Filóxeno de Eretria quien pintó, dice Plinio, una “batalla de Alejandro contra Darío” por encargo de Casandro, rey de Macedonia (316-298). Los asombrosos escorzos y contornos sombreados simulan la pintura desde el artífico de la piedra,

El mosaico de Alejandro es de una variedad conocida como “opus vermiculatum”, de vermiculi, “gusanillos”, en el que las teselas que lo conforman miden entre uno y cinco centímetros de lado y se solían realizar en talleres profesionales. El número total de teselas asciende a 1.500.000.

El mosaico fue realizado hacia el siglo II a.C y estuvo colocado en una de las salas principales de recepción de una de las casas más lujosas de la ciudad de Pompeya, que fue quedó sepultada bajo las cenizas del Vesubio en el año 79 d.C. Se considera que es una copia de una obra pictórica del siglo IV a.C. Representa una batalla entre los macedonios y los persas. Los macedonios se encuentran guiados por Alejandro Magno a la izquierda del mosaico, que aparece de perfil sobre su caballo Bucéfalo y vistiendo una armadura con la Gorgona Medusa sobre ella. En el lado derecho del mosaico encontramos a los persas, con Darío III a la cabeza, que en este momento se encuentra huyendo de la batalla en su carro y está levantando una mano en actitud de arrojar una jabalina. Filóxeno ha puesto más interés en representar correctamente las figuras humanas que en el propio paisaje.

Se podría decir que la escena que representa este mosaico se identifica con la batalla de Issos (333 a.C.) en la que huyó por primera vez Darío. Pero podría ser también la batalla de Gaugamela (331 a.C.) donde de nuevo se produjo la huida del caudillo persa y fue la propia nobleza la que acabó con su vida. Sin embargo, también existe la posibilidad de que el autor no quisiera representar un hecho concreto, una batalla determinada, sino que lo que busca es expresar la esencia de los hechos victoriosos de Alejandro Magano trascendiendo a lo ocurrido en un momento y lugar determinado.

En la escena del mosaico se puede apreciar a Alejandro con la cabeza descubierta, lanza en mano dirigiéndose hacia los persas entre los cuales ha surgido el pánico y la alarma. Se puede ver como los persas están despavoridos haciendo gesticulaciones violentas, nerviosos, inquietos, apelotonados y con gran desorden en sus filas. En el suelo se encuentran las armas rotas, los caballos derribados y algunos soldados heridos o muertos. Los colores que destacan en este mosaico son: blanco, amarillo, rojo, negro, todos ellos combinados en varios matices.

Alejandro aparece en el mosaico a la izquierda sobre su caballo Bucéfalo sembrando el pánico entre las filas persas. Se marca especialmente el tumulto, la sorpresa, el desorden de la huída, el griterío y la muerte que se muestra en los gestos y las miradas. Aparece como protagonista el “pathos”, que sería el sufrimiento. Podemos ver como se mara el triunfo de Alejandro desde el punto de vista del contraste y la mutabilidad de la fortuna, encarnada en Darío que contempla el gran desastre desde su monumental carro de guerra.

El movimiento físico y la huida se deslizan hacia la derecha. Pero las miradas giran hacia Alejandro, que lleva una coraza que brilla bajo los rayos del sol que le acompaña. Las largas lanzas sesgadas resaltan la dirección de las miradas y la fuga.

Alejandro está atravesando el cuerpo de un noble persa. El herido se encuentra agarrando la lanza que le hiere. Quiso bajar se su caballo delirando y medio moribundo y encontró la muerte. Ante esto, Darío se aterra y comprende que en la muerte del amigo está la derrota. La multiplicidad del sufrimiento individual refleja lo colectivo desde espejos diversos. Aparece un persa tirado junto al carro que contempla su propio rostro en un escudo. En el lado derecho, otro soldado ve llegar la muerte bajo las patas de la cuadriga real. Los propios animales participan también de este terror.

El Helenismo se adentró en la sympátheia o padecimiento universal de los seres. Con respecto al paisaje aparece un árbol torcido y seco y armas abandonadas en el suelo que acentúan la desolación del paisaje.

Las armas y los atuendos se describen con minuciosidad realista, pero la historia sigue siendo genérica e ideal: se amontonan hazañas de batallas diversas en la de Iso, de la que Darío consiguió huir en el 333 a.C.MOSAICO-DE-ALEJANDRO-MAGNO-DETALLE

Los mosaicos nos dan una gran idea de lo que fue la gran pintura de la época helenística, se trata de copias de frescos. El mosaico nos permite admirar la elección de colores, la composición del conjunto en movimiento y la expresividad de los rostros.

A pesar de las partes deterioradas que posee el mosaico en la parte izquierda, si observamos el conjunto podemos apreciar cómo era el ejército griego y el persa, así como sus diferencias. Los persas poseían un mayor ejército, pero sin embargo, no van a conseguir superar al griego, ya que la mayor parte de los miembros del ejército de Darío eran mercenarios, mientras que los griegos luchaban por amor a la patria. Además los griegos, al mando de Alejandro Magno consiguieron desarrollar una táctica militar y estratégica excelente, de tal modo que los griegos fueron capaces de superar todas las ofensivas persas. No se trata de cantidad, sino de cualidad. Merecía la pena tener un menor número de soldados con sus ideales claros y bien cualificados, que un gran número sin experiencia ni motivación.

Sin duda, Alejandro Magno sabía lo que hacía.

aleee magno

María Redondo Gutiérrez

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