La Corte del Rey de los Hunos

Hoy quisiera analizar un fragmento de “Excerpta de Legationibus” de Prisco, del año 475, un relato de un embajador del Imperio Romano de Oriente en la corte de Atila, Rey de los hunos, y una de las pocas fuentes que tenemos acerca de las costumbres de este pueblo.

Prisco de Panio fue un político del Imperio Romano de Oriente del siglo V de nuestra era, que además se dedicó a la historia y era considerado un eminente sabio. Analizamos hoy su texto más célebre, en el que relata detalladamente algunas de las costumbres de los hunos de las que sabía por haber acompañado a Maximino, un embajador del Emperador Oriental Teodosio II, a la corte del rey huno Atila, en el año 448.

Atila y Bleda, hijos de Mundzuk, eran los reyes de los hunos tras la muerte de su tío el Khan Rua, que había unificado las tribus hunas en el año 430 y había muerto en el 434, dejando a los dos como reyes de los hunos. Atila y Bleda se dedicaron a atacar Persia y el Imperio de Oriente, con el que alcanzaron una tregua en el año 442, pero la interrupción del tributo pagado a los hunos por parte del Emperador Oriental Teodosio hizo que en el 443 Atila y Bleda retomaran la guerra, tomando Naissus, Sofía, Filípolis y otras ciudades romanas, llegando incluso a las puertas de Constantinopla, ciudad que no pudieron tomar por la falta de maquinaria de asedio. Entonces el Emperador admitió su derrota y negoció la paz con los hunos, llegando a una tregua a cambio de 6.000 libras romanas de oro como indemnización por faltar al anterior pacto y un tributo anual de 2.100 libras de oro al año, triplicando la antigua tasa.

Atila y Bleda se retiraron entonces a sus tierras y se dedicaron al ocio durante al menos un año. En este tiempo Bleda, el mayor de los dos hermanos, murió, según algunos a manos del propio Atila. (Dice una leyenda que Atila encontró la espada de Marte, el dios de la guerra, e interpretando este hecho como un augurio de que debía dominar el mundo, mató a la única persona que podría impedírselo, su hermano Bleda) en cualquier caso Atila quedó como único Rey de los hunos, y tenía grandes ansias de poder. Esto ocurría entre los años 444 y 445.

Entretanto, en Constantinopla hubo una gran revuelta causada por las carreras del hipódromo, y la ciudad fue asolada por al menos una epidemia, con lo que se encontraba en un momento muy frágil, y no llegó a cumplir con el tributo debido a los hunos. En el año 447 Atila volvió a atacar al Imperio Oriental, acabando con el ejército imperial al mando del godo Arnegiscio en el río Vid, tras lo que Atila y sus hordas camparon a sus anchas por Grecia y los Balcanes. Posiblemente fuera aquí donde Atila se hizo con su esclavo griego Onegesio, que más tarde sería uno de sus allegados gracias a su astucia e inteligencia, llegando a ser una especie de secretario personal del Rey de los hunos.

Atila puso como condición de paz que se reanudaran los pagos del tributo y que se desocupara una enorme franja de tierra al sur del Danubio para que los hunos pudieran instalarse allí. Las negociaciones se alargaron varios años, y justo en medio de ellas, en el año 448 de nuestra era, es cuando tiene lugar esta embajada que describe Prisco, y es el texto que nos ocupa.

En este texto Prisco describe el banquete al que asistió dicha embajada, de la que él mismo formaba parte y que mandaba Maximino, en la corte de Atila. Maximino y sus hombres tenían como objetivo lograr un acuerdo de paz con los hunos para acabar con los ataques que estaba sufriendo el Imperio por su parte.

Prisco comienza hablando de las costumbres de los hunos antes del banquete. Todos los invitados deben probar una copa antes de sentarse, en presencia del mismo Atila. Entonces habla Prisco de la cama de Atila, situada a unos pasos detrás del sitial que éste ocupaba, y que estaba adornada con sábanas de lino y cobertores bordados, como las camas de las novias en Grecia y Roma. Probablemente Prisco detalle esto sorprendido porque un hombre al que se tiene por el mayor y más cruel de los bárbaros, capaz de dormir sobre un caballo al galope, duerma en una cama a la manera de las mujeres occidentales, como dando un toque medio civilizado a su barbarie. En fin, dice el texto, y el escritor insiste sobre ello, que los asientos situados a la derecha del Rey eran los de honor, reservados a personas a las que Atila considerase más importantes de la sala, siendo los sitios a la izquierda del caudillo lugares secundarios reservados al resto de invitados. Digo que el escritor insiste sobre este punto porque ellos estaban sentados a la izquierda, y un noble escita, es decir un bárbaro, estaba también a la izquierda de Atila pero más próximo a él que la embajada romana, significando esto que Atila consideraba más digno a un escita que a los romanos. Este hecho no debió gustarle nada a Prisco, ya que como embajadores del Imperio eran representantes del Emperador, y por tanto debieran haberles sentado a la derecha de Atila, pero no sólo no lo hacen, sino que además antes que ellos hay un bárbaro, lo que demuestra el desprecio del Rey de los hunos hacia los romanos.

Aquí es cuando Prisco nombra a Onegesio. Onegesio es un griego esclavo de Atila, conocedor de varias lenguas, hábil diplomático y especialmente ducho en el uso del lenguaje y de la pluma, con lo que se granjeó el afecto (o al menos la compasión) de Atila y llegó a convertirse en una especie de secretario personal del caudillo. Cuando un escritor romano como Prisco habla de un esclavo griego sentado inmediatamente a la derecha de Atila, es posible que se fije en ello con un especial rencor hacia él, ya que un esclavo que participa en los banquetes de su amo en el lugar de honor puede tener más de desertor que de esclavo. Además es notable para Prisco el hecho de que dos de los hijos de Atila asistan al banquete y se sienten justo enfrente de Onegesio, es decir, al otro lado de la sala, y que el hijo mayor, el primogénito de Atila, tenga los ojos mirando al suelo, en señal de sometimiento y respeto a su padre, cuando en Roma cualquiera se habría escandalizado si viera al primogénito de un Emperador o un patricio sentado en el último rincón, cuando en el lugar contiguo al señor de la casa hay un simple esclavo comiendo y bebiendo de la misma mesa.

De todos modos la ceremonia continúa y Atila va saludando uno a uno a sus invitados , y todos beben a su salud. Después empieza el banquete.

La comida viene en vajilla de plata para todos, con carne y lujosas viandas para los invitados del caudillo huno, pero según Prisco no hay vajilla de plata para Atila. Atila come carne en un plato de madera, y bebe vino en una copa de madera, al contrario que sus invitados, que comen en vajilla plateada y tienen copas de oro y plata. También la ropa de Atila es sobria, sin oro por ninguna parte aunque mostrando la pulcritud impropia de los bárbaros, y la simpleza que tan propia les es.

El banquete continúa, y cuando acaban con el primer plato, beben vino a la salud de Atila de uno en uno, igual que antes. Después llega el segundo plato y tras él, cuando va avanzando el día, empiezan los cantos. Se resalta el hecho de que dos bárbaros cantaran las hazañas de Atila en canciones compuestas por ellos, lo que exalta a los jóvenes y emociona a los viejos. Lo sorprendente de esto no es solamente que los bárbaros compusieran canciones para los banquetes, igual que los romanos, sino que Atila, según Prisco, no movió ni un ápice de su cara, ni siquiera cuando un escita loco, usado como bufón, entró a hacer sus gracias. Atila sólo sonríe cuando entra un niño pequeño a saludarle, su hijo menor Ernas. Dice el propio Prisco que le sorprende que Atila haga más caso a este hijo que a su primogénito, (probablemente le sorprendiera que un huno tuviera cariño por algo) pero un bárbaro que se sentaba con ellos y hablaba el latín le dijo que habían vaticinado a Atila que su linaje entraría en decadencia y sería salvado por este niño, y por eso le mostraba tanto aprecio. La noche avanza y la embajada romana abandona el banquete

Esto es lo que nos revela, a grandes rasgos, el texto de Prisco, y yo diría a modo de conclusión que lo que más le sorprende es que Atila tenga un esclavo griego como su más allegado, que sea un hombre sobrio y moderado en lugar de entregarse a la chanza y a la borrachera (como imaginaban que eran todos los bárbaros) que canten canciones y honren al jefe mostrando algunos parecidos con el mundo romano y, principalmente, Prisco parece sentirse insultado por no sentarse sino en los sitios secundarios.

Poco después se alcanzaría la paz con Oriente, y Atila pondría los ojos sobre el reino visigodo de Tolosa en alianza con Valentiniano III y Flavio Aecio (que conocía bien a los hunos por haber vivido entre ellos un tiempo) finalmente Atila intentaría acabar con el Imperio Romano de Occidente, pero acabaría retirándose y tiempo después, en el 453, mientras planeaba atacar Constantinopla porque el Emperador Marciano había dejado de pagar los tributos, moriría de una hemorragia nasal en su cuarto, tras una fiesta después de desposar a una cristiana de nombre Ildiko.

Probablemente nadie en Roma hubiera pensado que Atila fuera civilizado entre los hunos, pero la brutalidad salvaje del campo de batalla no le prohibió la vida de sobriedad y moderación (dentro de lo que son los hunos)

Cuando murió sus hombres se golpearon con las espadas, diciendo que el más grande de los guerreros no debe ser llorado con lágrimas, sino con sangre. Su imperio no le sobrevivió.

Imagen

Luis Rúspoli

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